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EL AMIGO INFIEL

(Un microcuento de Albert R.M.)

 

        Mis ojos se cerraban lentamente mientras contemplaba las estrellas brillar en el firmamento... Era una noche tan calurosa que decidí tumbarme un rato al raso; donde creí que dormiría mejor; y así fue, durante unas pocas horas, claro.

        Serían más o menos las seis de la mañana cuando mi cuerpo entumecido despertó y mis ojos legañosos atisbaron nubes grises que auguraban aquel nuevo día quizás un tanto gris para mi gusto... Con resignación, y leve pereza, me levante; posé mis pies desnudos sobre la fría superficie de la terraza; usé la ligera manta que me cubría para envolver mi cuerpo cual antiguo senador romano y caminé hacia el angostado interior de mi piso..., dejándome caer sobre la sofocante incomodidad de mi cama..., donde retomé mis pesadillescas conversaciones con Morfeo; breves, por supuesto; pues la luz del día inundó mi pequeño apartamento con tal premura que, a las pocas horas, ya estaba de nuevo en pie, café en mano, contemplando el arranque de la jornada laboral desde mi ventana, mientras esperaba que mi aletargado ordenador su pusiese en marcha; al cual le costaba amanecer con mucha más pereza que a mi.

        El café funcionó... El medio cigarrillo hizo también su trabajo... Al poco, ya me encontraba bajo el toldo de la terraza, pincel en mano, manchando una tela medio empezada del día anterior... No tenía para nada claro que era lo que estaba pintando...; pero, cual aventurero solitario, un día más me dejaba llevar hacia los confines de lo desconocido; hacia un lugar inexplorado, un destino lejano, al que solo sabes si has llegado por que cuando lo pisas, te das cuenta que debes cambiar de rumbo y seguir avanzando.

        Debía ser ya medio día cuando recibí la llamada de XXX; con su característico hablar, nervioso y balbuceante...; me pidió acercarse a casa aquella misma tarde para recoger algo que se había olvidado unos días antes.

        Yo no tenía planes; ya no suelo tenerlos; al menos, no conscientemente... Sobre todo desde que vi aquella peli de McQuarrie donde unos tipos intentaban secuestrar a una embarazada para pedir un rescate por el crío que gestaba en su útero y todo se les iba de madre liándose parda...; fue entonces cuando me quedó claro que "un plan es una lista de cosas que nunca se cumplen".

        Mas tarde, y aunque esto no venga a cuento...; pero, pensando en la hora de comer, tuve un antojo carnívoro (veganos, mejor abstenerse de leer esta parte)...; así que abrí el congelador y saqué un trozo de butifarra; el cual dejé sobre el mármol de la cocina para que fuese descongelándose...; el plan era disfrutar de un sabroso bocadillo de butifarra esparracada con delicioso queso azul fundido por encima y unas gotas de ketchup y mostaza... Mmm... Como apetecía... Apetecía tanto... Pero, a saber porqué, tras salivar un poco pensado en ello... decidí coger aquella insidiosa butifarra y guardarla en la nevera. Y me puse a hervir unas verduras... Aunque, debo confesar, al final las disfruté bien aliñadas con algo de mayonesa... Los planes... Es lo que tiene hacer planes.

        La tarde cayó..., y seguí pintando...; mientras que, de vez en cuando, iba echando un ojo al ordenador, donde tenía un render que llevaba procesándose desde hacía ya cinco días; el cual, me inquietaba; haciéndome temer incluso por mi vida... Aquella vieja tartana que tengo por computadora, trabajando durante tantos días y noches.... En cualquier momento podría explotar y yo salir volando por los aires, todo a causa de las altas temperaturas... Lo cual, si duda alguna, sería un gran final... Un final explosivo... Un final de blockbuster para una pequeña e independiente historia de autor... Como si "Manhattan" de Woody allen acabase con una invasión de robots gigantes y una gran nave alienígena volando volatilizando la gran ciudad de New York...; y en blanco y negro!... Sería la bomba, seguro... Hahaha!

        Debían rondar las ocho cuando XXX se presentó en casa. Le abrí la puerta y entró con su andar asincopado que te hace dudar siempre sobre si avanza o retrocede. Un tipo inquieto XXX, un culo de mal asiento...; alguien que parece sentarse siempre sobre una chincheta...; un tipo raro (con cariño)..., para qué negarlo. Pero el hombre es lobo para el hombre; así que, si juzgas, prepárate a ser juzgado.

        El sol ya estaba bajando, y la terraza, ya sí, invitaba a ser disfrutada...; así que saqué un par de cervezas y nos sentamos a comentar la jugada.

        La primera parte de la conversación rondó el tema pictórico; el cuadro que yo tenía a medias sobre la mesa abrió las puertas al primer interrogante... XXX, se mostró sorprendido al contemplar los motivos que inspiraban aquel óleo... Extraño, poco común, atípico; ¿a qué venía aquel interés por pintar figuras Lovecraftianas?, se preguntaba él... A lo cual, yo, le reproché con ambigua resignación que, tras tantos años de amistad, cuan poco realmente me conocía; pues, aquello, no era nada nuevo en mi trayectoria artística; no, al menos, en los últimos veinte años.

        XXX, más interesado en si mismo que en alimentar nuestra moribunda amistad, comenzó a alardear de sus recientes conquistas amorosas... La narcisista necesidad de reconocimiento se apoderó una vez más de él y, ante mi perplejidad, comenzó a relatar sus desventuras sexuales ilustrándolas con íntimos e innecesarios detalles. Lo cual me hizo sentir algo incómodo y, sobre todo, me despertó sincera pena por las parejas que habían caído bajo su hechizo. Fue un breve instante de compasión que emborraché de cerveza mientras le reía hipócritamente sus gracias.

        Tras mostrarme el álbum de cromos digital de sus recientes conquistas y sin (palabra suyas) pretender ponerme los dientes largos...; de repente, XXX terció mirada de cachorrillo y reclamó mi consejo en relación a una reciente conversación vía whatsapp que había mantenido con uno de sus trofeos...; una chica que, al parecer, se había vuelto en su contra mostrando arrebatados ataques de incongruente paranoia y celosía tras haberla dado plantón en una cita... XXX insistió en mostrarme los mensajes para que le diese mi opinión; así que, inexorablemente invitado a invadir su privacidad, y sin poder evitar cierto sentimiento voyeur por mi parte..., leí aquellos mensajes de texto mientras los comentábamos desacomplejadamente. Y, lo cierto es que no pude más que darle la razón...; en aquel momento, desde mi punto de vista..., desde mi parco conocimiento de la situación y confiando en la historia que el me había relatado... No podía verlo de otro modo..., aquella chica parecía realmente desvariar inconexamente...

        Cual fue mi sorpresa, cuando, tras leer los mensajes y devolverle el teléfono... De repente, misteriosamente, se envió un mensaje de voz a la chica en cuestión... XXX, sorprendido y turbado, me acusó de haber sido yo quien había llevado a cabo tal acción... Yo, perplejo, evidentemente lo negué... Al parecer, toda la conversación que habíamos mantenido instantes antes había sido grabada y enviada a la chica... El carácter hilarante del momento propició una serie de risas nada apropiadas y que ahora me humilla recordar; pero, así es la naturaleza humana... Así responde nuestra biología interna... Sustancias segregadas involuntariamente... Impulsos eléctricos sufridos por el cerebro... Fenómenos incontrolables que nos hacen reaccionar de forma desatinada ante situaciones adversas.

        Y menuda situación.... Toda nuestra conversación había sido grabada y enviada... Todas y cada una de nuestras censurables palabras...

        El caos estaba servido... Según XXX, el error apuntaba ser mío; como si al pasarle el teléfono yo hubiese pulsado sin querer la opción de grabar...; lo cual, hasta cierto punto sería plausible... aunque lo que a mi no me cuadraba era que la conversación había empezado a grabarse mucho antes de tener yo en mis manos aquel dispositivo móvil... Un misterio a resolver, sin duda alguna.

        La escena estaba desarrollándose muy rápido y estas deducciones que ahora comparto, por supuesto, no surgieron todas exactamente en aquel momento... XXX, en un intento de compensar la situación, e ignorando por completo mi consejo de no hacerlo, consideró adecuado enviar un par de emoticonos sonrientes a la chica... ¡¿Un par de emoticonos desencajados de la risa justo después del mensaje de audio que contenía nuestra conversación sobre sus paranoicos comentarios tras haber echado un polvo con ella?!... Bueno... La bomba había sido lanzada..., y aquellos emoticonos fueron como la cerilla que enciende la mecha en los créditos de Misión imposible... El teléfono empezó a sonar, a sonar y a sonar...; y, evidentemente, era ella.

        El rostro desencajado de XXX era todo un poema...; sus labios balbucearon algo que no alcancé a entender...; sus ojos desorbitados, que parecían buscar el sabio consejo de algún oráculo de esos que solo existe en los libros de fantasía, se encontraron con los míos... Di una calada a mi cigarrillo... Di un sorbo a mi cerveza... y le sugerí contestar... El mal estaba hecho...; aquel era su desafío... y debía enfrentarlo..., con seguridad, valor, destreza... XXX colgó la llamada.

        Yo no había terminado de darle otro sorbo a la cerveza cuando el teléfono volvió a sonar... y a sonar... Miré a XXX y le vi buscando al oráculo de nuevo...; así que insistí de nuevo y le animé a contestar.

Esta vez, XXX lo hizo; descolgó y habló...; con voz entrecortada, sí; pero inusitadamente firme; lo cual me desconcertó y, al mismo tiempo, me alegró. Contemplar ese atisbo de seguridad en él, me pareció reconfortante.

        Me levanté de la silla y me dirigí al interior del piso con la intención de darle algo de privacidad... Me acerqué al ordenador..., miré el correo..., chequeé el eterno render..., comprobé el teléfono, por si había mensajes o llamadas... Todo ello, evidentemente, sin poder evitar escuchar la conversación que tenía lugar en la terraza; así que regresé al exterior...; tomé asiento, dí otro trago a mi cerveza y empecé a liarme otro cigarrillo.

        La conversación no iba bien... Si lugar a dudas, la chica estaba..., cabreada no, lo siguiente. XXX no lograba dominar para nada la situación; intentando excusarse una y otra vez por cosas que supuestamente él había dicho o hecho; cosas que (y he ahí mi sorpresa) al parecer, él muy hábilmente, XXX había decidió ignorar contarme. Cosas que, por otro lado, intuí quizás podrían justificar esos supuestos ataques paranoico-celosos que habían suscitado la inoportuna conversación registrada y que aquella chica había acabado desafortunadamente recibiendo por accidente.

        Fruncí en ceño y decidí esperar a que XXX finalizase la conversación...; con el objetivo de sacarle a continuación esa información que, al parecer, no me había contado...; pero, he ahí la cosa... Planes, otra vez... De repente, XXX me plantó el teléfono delante de la cara como pidiéndome que hablase yo con ella... ¿Yo?... Desconcertado y sin saber bien bien que hacer, cogí el teléfono como acto reflejo y me lo acerqué al oído... Al otro lado, una voz femenina espetaba palabras furiosas convencida de que seguía hablando con XXX... Le miré de reojo con lógica indecisión... Y allí estaba él, deambulando inquieto de un lado para otro, dando aspavientos, entrando y saliendo del rincón del fregadero, dubitativo, como si buscase una cueva donde esconderse..., murmurando sentencias inconexas hecho un completo saco de nervios.

        Así que hablé... Un tímido saludo escapó de mis labios..., frenando la iracunda disertación de mi interlocutora...; y la informé de que, quien le hablaba, era ya otra persona..., “la otra voz del mensaje de audio”, dije... La chica, en pausa, e imagino que desconcertada, parecía dispuesta a escuchar.

        Con o sin motivo, en aquel instante, sentí la necesidad de disculparme, así que lo hice... Ella, amablemente, lo agradeció, pero rechazó airada tales disculpas; pues, claramente, no venían de la persona indicada... Cargó con rabia de nuevo contra XXX...; y yo caí en el breve error de intentar defenderle... algo que detuve rápidamente, cediéndole de nuevo el teléfono a mi amigo.

        XXX se disculpo, y sugirió que si en el futuro volvían a coincidir, él procuraría tener buen rollo... Tras lo cual, cortó la llamada y buscó precipitadamente el modo de bloquear aquel contacto de su teléfono móvil.

        Yo estaba perplejo. XXX no paraba quieto, no se sentaba, era como si hubiese brasas incandescentes bajos sus pies... El teléfono en una mano y una goteante lata de cerveza en la otra.

        Le di una calada al cigarrillo, bebí una vez más de mi cerveza y entonces vi como XXX derramaba parte de su cerveza sobre el óleo que yo tenía secándose sobre la mesa... Conté hasta diez, sequé los restos de cerveza como pude y entonces me dirigí a XXX..., interrogándole sobre la parte de la historia que había olvidado contarme... Su tartamudeo al intentar buscar las respuestas a mis preguntas fue suficiente indicio para verle convertido en ese niño pequeño al que han pillado haciendo una travesura...; sólo que, en este caso... resulta que, mi amigo XXX, conscientemente o no, había decidido ocultar convenientemente parte de la historia; quien sabe..., ¿quizás para mostrarse más como una víctima de acoso?...; cuando, en realidad..., todo era mucho más simple... mucho más sencillo... XXX, después de follarse a aquella amable chica y quedar con ella para otro día..., resulta que le había acabado dando plantón en esa segunda cita aludiendo al sueño y al cansancio... pero, en realidad, simplemente se estaba follando a otra... Lo cual, bien sea por la intuición femenina de la primera o por algún desafortunado error del “inútil” de mi amigo al abrir su abarrancada boca... Pues fue cazado en su mentira. So... Shit happens, my friend.

        Bueno... Yo, por supuesto, no soy quien para a entrar a juzgar si está o no está bien lo que hace cada uno con su vida o en cómo lo hace... Simplemente diré que... Si juegas con fuego, procura no quemarte...; o, que sé yo, ponte guantes para protegerte... O...que si no quieres provocar un incendio y quemar un bosque... Pues no enciendas hogueras en la montaña... Además... ¿Quién demonios soy yo para dar consejos?... También la cago a veces...; seguramente muchas más de las que me gustaría reconocer.

        Ahora bien... Que un amigo..., alguien en quien confías..., alguien que, supuestamente, dice confiar en ti... Que alguien así pretenda manipularte..., venderte una historia narrándola sesgadamente para obtener pena y comprensión por tu parte... y que encima permita que le defiendas y pidas perdón en su lugar por algo de lo que en realidad es rotundamente culpable él, por gilipollas... Eso no es para nada un amigo... Eso, damas y caballeros, se acerca más, simple y llanamente, a una figura de orden mitológico de consumado, gigantesco y avergonzante hijoputismo. Y lo digo desde el más profundo cariño.

        XXX agarró su resplandeciente caja de condones recién comprada y se marchó, raudo y satisfecho, a por la siguiente presa que ya tenía apalabrada... Y yo me quedé allí, en mi solitaria y tranquila terraza, con mi cigarrillo y mi cerveza, viendo caer la noche.

 

        Más tarde, ya oscuro, el bochorno volvió a embriagarme...; salí al raso, me tumbé y contemplé de nuevo el estrellado firmamento...; y, lentamente pero inexorablemente, dejé que Morfeo me arrancase de este extraño mundo que habitamos y me llevase a navegar por una dimensión mucho más confortable y comprensible para mis anhelos.

 

FIN.

 

Albert R.M.

     (12/07/2016)